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Oct 23, 2015
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“Lo que hoy es común y corriente; mañana será extraordinario”

Escrito por

Por Adolfo E. González Fuenzalida
(Diplomado en Gestión Cultural – Universidad de Chile)
Curicó, Chile.

Desde el paralelo 35º Sur, casi al fin del mundo, damos a conocer las opciones adoptadas y los rincones de esta tierra, llena de buenos vinos, corderos de cabeza negra, fiestas religiosas y ancestrales, denominaciones de origen y personajes populares.

Lo que compartimos y que nos es común a todas las culturas e idiosincrasias, es que en Chile somos muy buenos para “nostalgear”: esa acción que consiste en recordar, redundar, hablar de lo pasado con el que no sabe o coincidir en la vivencia con el que es de la misma generación o comunidad.

Ahí, lo cotidiano se transforma en extraordinario.  El relato se acelera, la risa fácil aflora, el hombre de campo se ríe del capitalino (porque siempre el huaso es más astuto que el de la urbe), esto acompaña al mate, a la tortilla, al té, al pan amasado, la churrasca y cuánto picadillo podamos imaginar, con ají, con merquén, con un buen vino, chicha o mezclas de tragos, genéricamente llamados combinados.

Lo distintivo es que en Chile no tenemos íconos.  Nuestro patrimonio material es precario, porque no lo respetamos y bien somos capaces de demoler un edificio del neoclásico para hacer un supermercado o simplemente porque la naturaleza sísmica nos impide tener una construcción en pie por más de 100 años.  (Sí.  Somos un país de sismos, tsunamis, aludes, inundaciones, incendios de proporciones bíblicas, y más ahora que los terremotos que en el siglo pasado fueron cada 25 años, luego del 2010 se han sucedido cada 2 años).

Por eso es que nuestra idiosincrasia nos empuja a reírnos de la situación, de la desgracia, del shock nervioso.

Acá es común reunirse a recordar qué hacías durante el terremoto o bromear con el miedo o hechos que en cualquier caso han sido traumáticos.

Ese es el foco: describir, recordar la situación más que la construcción, las personas ordinarias más que los héroes y lo común más que la oligarquía.

La verdadera cultura es la que se cultiva, valga la redundancia.  Por ello esta instancia de publicación merece bien la pena, como la plaza pública, el barrio, la cuadra, vecindad, el centro comercial o mall, el bar, la mesa de la cocina; una instancia de reunión consentido y con sentido, de libertad y de opción voluntaria.

De ahí que el cultivo de la conversación que dé lugar al recuerdo y la nostalgia, es necesario, tanto como una plataforma de retroalimentación en el ámbito de la cultura.  Porque se están perdiendo espacios y el reemplazo es lento y no seguro.

Concluimos y esta oportunidad nos insta a participar en esta aventura de la cultura porque la nostalgia cambia la realidad.  Tal es así, que todo se recuerda con cariño, con risa, con emoción.  Hasta lo más malo, se torna simpático al recordar y nuestra memoria discrimina lo que nos causa dolor para enfocarse en lo que agrade.

Eso es lo que se pretende con esta participación en el Periódico “Cultural UY”, porque “lo que hoy es común y corriente; mañana será extraordinario”.

Categorías del Artículo:
Artes · Colaboradores · Internacional · Patrimonio Material

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