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Dic 1, 2015
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La Cultura de la Sincultura

Escrito por

Por Adolfo E. González Fuenzalida
(Diplomado en Gestión Cultural – Universidad de Chile)
Curicó, Chile.

Por muchos años la opción ha sido vivir sin cultura, dejando que las marcas comerciales se apoderen de la pantalla que mantiene hipnotizados a medio país y deseando ser parte de un comercial a la otra mitad.  Cuando creíamos que todo se había perdido y que la cultura no pasaba de ser una nota curiosa en TV, nos dimos cuenta que no hacer cultura conservó nichos de patrimonio inmaterial intactos, inexplorados y hasta desconocidos.

Gracias a que todo Chile miraba al mundo y deseaba integrarse a los mercados globales y la cultura se confundía con entretención, se generó una burbuja de tiempo y conservación en rincones apartados del país que por estar a trasmano, alejados de la burocracia, sin intervención, siendo tan sólo observados y sin apoyo estatal se desarrolló una especie de anacronismo en comparación a los centros urbanos que cada vez empezaron a parecerse más entre sí.

Oficios olvidados, tecnología ausente, comidas que hoy se transforman en gourmet y que son estrellas en el mundo como el ají merkén (tradicional del sur), las papas que antes se las dábamos a los chanchos; hoy son de cóctel, las recetas de la abuela, se transformaron en fusión gourmet en cualquier restaurant.

Por ello es que hoy podemos culpar a quien queramos, pero lo cierto es que la desaparición gradual o abrupta de algunas manifestaciones tradicionales se debe a la intervención de protección.

La intervención de protección es la pretensión que tienen algunas autoridades locales que por populismo o conciencia apoyan fiestas tradicionales, que comúnmente fueron organizadas por las comunidades, y que al apoyar en términos logísticos o económicos desvía la forma de hacer.

Siempre se asumió que el poner el foco en la manifestación artística o artesanal protegería per sé la actividad y ello no sucedió;  es más, es tema de estudio y recopilación el saber el origen de las fiestas, celebraciones tradicionales y festivales que se han organizado, por lo menos en Chile, en torno a las faenas agrícolas: La fiesta del chancho muerto, luego de la engorda desproporcionada que concitaba a la familia y su entorno; la fiesta de la primavera al comienzo de las labores agrícolas, luego del largo invierno y, entre otras la Fiesta de Vendimia, al final de la cosecha de la uva en la zona central, en donde existe incluso una cultura de la vitivinicultura, del modo de trabajar la vid.

Hoy la industria del entretenimiento público, de la risa fácil por el espectáculo y de celebración siempre que se pueda, como son las nuevas fiestas o remedos de las ancestrales como las nuevas marcas “Estamos de Chancho Muerto”, las Fiestas del Cordero, al aire libre o los Festivales de cuánta fruta o verdura existe (Del Choclo, Ají, de la Sandía) y que no pasa de ser una muestra de artistas para temporeros (trabajadores agrícolas de temporada) o los numerosas Fiestas o Festivales de la Vendimia, del Vino, de la Chicha (jugo de uva fermentada dulce) y más, han sido intervenidos por autoridades locales que insisten en financiar o apoyar, desvirtuando la usanza tradicional, convirtiendo a muchas de estas demostraciones en un híbrido uniformado vestido de carpas blancas y humareda, luces y escenarios municipales que escasamente permite la distinción entre una u otra. En algunos casos es difícil distinguir entre una celebración de día del padre con una fiesta tradicional.

Pero a la inversa, cada una en su desarrollo tienen una calidad identitaria que permite ver la dedicación local a la festividad, por ello desde Chile compartiremos junto a la esencia, productos, formas, y por qué no, amistad e idiosincrasia.  Si algún día nos visitamos compartiremos la cultura, la vivencia común.

Categorías del Artículo:
Artes · Colaboradores · Patrimonio Material

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